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Cómo devolver puntuaciones de cribado sin causar daño

Un cribado no diagnostica, pero quien lee su resultado no lo sabe. Siete reglas prácticas para comunicarlo sin convertir una puntuación en una etiqueta.

Por Ángel Zamora Martínez, doctor en Psicología

Un instrumento de cribado no diagnostica nada. Está diseñado para ser sensible, no específico: su trabajo es no dejar pasar posibles casos, aun a costa de señalar a bastante gente que no lo es.

El problema es que quien recibe el resultado casi nunca sabe eso. Ve un número, ve un umbral, y concluye lo que cualquiera concluiría.

Ese hueco entre lo que el instrumento mide y lo que la persona entiende es donde una devolución bienintencionada puede hacer daño de verdad. Estas son las reglas que aplico.

1. No devuelvas la puntuación bruta

«Ha obtenido 17 puntos» no informa a nadie que no conozca la escala. Y en cuanto se añade el contexto — «por encima del umbral de 15» — se ha convertido un instrumento de cribado en un dictamen que nadie ha emitido.

La alternativa no es ocultar información. Es dar la que sí es interpretable: la trayectoria de esa persona a lo largo del tiempo, o su posición respecto al grupo del estudio. Ambas cosas se entienden sin conocer la escala y ninguna dictamina nada.

2. No comuniques el punto de corte

Un umbral es una convención estadística elegida para maximizar sensibilidad en una población concreta. No es una frontera entre estar bien y estar mal, y trasladarlo como si lo fuera es probablemente el error más frecuente y más dañino.

Si el estudio necesita usar internamente el umbral —por ejemplo, para activar un protocolo de riesgo—, eso pertenece al circuito del equipo investigador, no al documento que recibe la persona.

3. Compara con el grupo, no con una norma

Decir «tu puntuación de sueño está por debajo de la mayoría de las personas que participaron» es información verificable y acotada. Decir «duermes mal» es un juicio que un cuestionario de cinco ítems no autoriza.

Y conviene añadir el aviso que casi nunca se pone: un grupo entero puede estar mal. Comparar con el grupo dice dónde estás respecto a los demás, no cómo de bien o mal estás en términos absolutos. Escribirlo explícitamente en el informe evita una mala lectura muy común.

4. Nombra las fortalezas, y hazlo primero

No por amabilidad, sino porque son igual de ciertas. Si alguien puntúa alto en apoyo social y bajo en manejo del estrés, las dos cosas son resultados del estudio y las dos merecen aparecer.

Ordenar el informe de la mayor fortaleza hacia lo que más costó tiene además un efecto práctico: quien lee empieza por algo que reconoce como suyo y positivo, y llega a lo difícil con el documento ya en la mano en vez de abandonarlo en la primera línea.

5. Separa lo que se midió de lo que significa

Un cuestionario mide lo que alguien respondió un martes por la tarde. No mide su identidad ni predice su futuro.

Merece la pena decirlo en el propio documento, con esa literalidad:

Estas respuestas describen cómo te encontrabas en tres momentos concretos de este curso. No describen cómo eres, ni predicen cómo estarás el año que viene.

6. Que los recursos de apoyo aparezcan en todos los informes

Esta es la regla que más gente hace al revés, y con la mejor intención.

Si el bloque con el teléfono del servicio de atención psicológica solo aparece en los informes que superan un umbral, su presencia es la etiqueta. La persona que lo recibe deduce inmediatamente por qué le ha tocado a ella, y quien no lo recibe deduce lo contrario.

El bloque va en todos, siempre, y el propio informe lo dice:

Estos recursos aparecen en el informe de todas las personas participantes. Que estén aquí no significa que hayamos detectado nada en tus respuestas.

Cuesta una línea y desactiva por completo el problema. Conviene además anunciarlo ya en el consentimiento: hay texto tipo para la hoja de información.

7. Ten escrito qué hacer cuando el hallazgo es serio

Un ítem de ideación suicida por encima del umbral no se gestiona improvisando con el caso delante. El procedimiento tiene que existir antes: quién lo detecta, a quién avisa, en qué plazo, y qué se le comunica o no a la persona. Con redacción tipo, está en el plan de devolución para el comité de ética.

Y una regla que conviene fijar desde el principio: quien procesa los datos no debería ser quien contacta. Si el análisis lo hace alguien externo, esa persona no tiene la identidad del participante ni relación asistencial con él. Su obligación es no dejar pasar el hallazgo en silencio y comunicarlo al equipo investigador con el código y el criterio activado; la decisión clínica es del equipo, según el protocolo aprobado por su comité. Aquí está cómo debería funcionar ese circuito.

El caso que hay que resolver antes de escribir nada

Antes de redactar el primer párrafo de una devolución, conviene responder a esta pregunta: ¿qué le llega a la persona cuyo resultado es el peor de la muestra?

Si el informe está bien diseñado, esa persona recibe un documento que no la etiqueta, que le muestra información cierta sobre sí misma, que reconoce lo que sí funcionó, y que tiene una vía visible hacia apoyo real. Si el informe está mal diseñado, recibe un número, un umbral y ninguna salida.

Todo lo demás del diseño es secundario respecto a eso.


Si quieres ver estas reglas aplicadas a un documento completo, en este ejemplo se devuelve una puntuación de malestar psicológico a un estudiante universitario sin dar la puntuación bruta ni el punto de corte. El marco general está en la guía sobre cómo devolver los resultados de un estudio a los participantes.

¿Y cómo se vería con tus datos?

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